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General

La revolución como deber educativo, y la educación como emancipación. Cómos y porqués.

Propuestas para una escuela en el siglo XXI. Fernando Trujillo Sáez. Catarata, Fuencarral (Madrid). 2012.

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Seis años de reflexión, de propuestas pedagógicas aferradas a la práctica docente y a la realidad social, que transmiten un “urgente deseo de transformación de la realidad social y educativa”. Esto encontrará el lector en este texto, elaborado a partir de una solvente edición de artículos compuestos por el autor en blogs educativos y publicaciones digitales. El texto resultante, cercano y provocador, revela la naturaleza hipertexto del contexto en el que se creó, con numerosas referencias externas, ideas recurrentes y fuerte conexión con la actualidad social.

El libro está distribuido en 5 capítulos a lo largo de los cuales se interpela al lector, siempre con los pies en el aula y con abundantes ejemplos, acerca de “para qué” educar (capítulo 1), “cómo” educar (capítulo 2), y cómo hacer impactar estas reflexiones en la sociedad y la educación desde el aula (capítulo 3), fuera del aula (capítulo 4) y la red (capítulo 5).

Valga un párrafo del texto como declaración de intenciones: el objetivo de la educación no es la incorporación de las competencias básicas al currículo ni el fomento del uso de las TIC. El objetivo de la educación es la constitución de una sociedad de hombres y mujeres libres, de personas autónomas y solidarias, que tengan el control sobre su propio aprendizaje, su propio desarrollo, su propia vida”.

Y es que desde el primer capítulo el autor defiende el rol del educador como agente de cambio, y la educación como fundamento del estado de derecho y la democracia. El modelo social implícito en las políticas y prioridades educativas, la necesidad de autonomía y reflexión por parte del profesorado, centran este primer espacio. Advierte el autor: una sociedad democrática y para todos, se contruye desde una escuela democrática y para todos (inclusiva, igualitaria), como defiende más adelante al describir el importante rol de los centros de formación permanente.

El segundo capítulo contiene una interesante metáfora del cambio metodológico: debemos dejar de “empujar” al alumnado hacia un conocimiento rígido preestablecido y empezar a “tirar” de él, hacia un nuevo espacio, en el que el conocimiento se construye de forma contextualizada mediate actividades creativas y colaborativas. Esto requiere nuevas competencias del profesorado (explicitadas en una concisa lista) a adquirir desde una nueva formación contínua y inicial del profesorado (que debe ejercer lo que predica y recrear las metodologías que pretende fomentar), y una asesoría que favorezca la creación de un entorno de desarrollo profesional.

Dentro del aula (capítulo 3), estas competencias fructifican en las tareas integradas, que “crean un contexto en el que los estudiantes deben crear un producto final, negociar para realizarlo, tomar decisiones, asumir riesgos, reflexionar sobre el preoceso y su evaluación”. Además de ejemplos prácticos, se propone construir las actividades a partir de partir de los criterios de evaluación de diferentes materias, como vía para dar un alcance competencial y pluridisciplinar a las actividades. Aunque el autor no las menciona, el lector identificará en esta propuesta la huella de las Webquest, el aprendizaje por indagación, o el trabajo por proyectos, en las que, también, es necesario el aprendizaje cooperativo, el uso de portfolios y rúbricas, hacia un nuevo estilo comunicativo en el aula.

La comunicación y la innovación habitan los siguientes dos capítulos: la conexión del profesorado entre sí (formando redes de profesorado, complementando liderazgos innovadores con direcciones de centros) y con lo que le rodea (familias, centros de innovación educativa, universidad, centros de recursos del profesorado) es necesaria para construir propuestas de formación e innovación que, más allá de la idea chispeante, sean valoradas estratégicamente (propone un interesante análisis DAFO) y evaluables por su impacto sobre el alumnado. El autor apela para ello a la necesidad de que profesorado, inspección y responsables de centros de recursos del profesorado fomenten y expliciten un marco pedagógico independiente que surja de la práctica profesional y objetiva, y menciona varios ejemplos en los que el profesorado ha tomado la palabra independientemente de la administración, liderando el cambio.

Un libro hecho para “tirar de” y no para “empujar hacia”, que promueve la reflexión y puede ser un muy buen punto de partida para la discusión entre profesionales de la educación. Aunque se hechan en falta referencias a las políticas de selección y promoción del profesorado, el libro cumple con su objetivo de provocar una reflexión enmarcada en la pedagogía crítica, mirándose en el espejo de movimientos sociales como el 15M-#acampadasol. La fecha de publicación impide que el texto contenga comentarios a las ocurrencias del ministro Wert, pero el enfoque del libro no deja tampoco resquicios: los protagonistas somos nosotros, los profesionales de la educación, y tenemos la capacidad y deber de actuar. Otro mundo es posible. Y a ese otro mundo debemos dirigirnos desde la escuela.

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