Columna Cuadernos

This tag is associated with 10 posts

9 breves desconciertos sobre educación, escuela y profesorado

Hemos llegado a noviembre, y con éste, se cierra el ciclo de artículos que Cuadernos de Pedagogía ha tenido la amabilidad de publicar en la columna “Entre los Umpa-Wampa”.

¿Por qué “Entre los Umpa Wampa”? Porque la escuela es un mundo que funciona distinto. Su enigma se esconde en sus eventos más pequeños y cotidianos, que invitan a ser mirados como lo haría un antropólogo perdido en medio de una tribu extraña: la comunidad educativa.

Han pasado por el escenario ACDC, Iron Maiden, Tina Turner, Queen, Rolling Stones, Frank Sinatra, Dire Straits y Joe Cocker, acompañando diatribas (algunas veces más o menos sensatas, otras veces sólo desesperadas) sobre el papel del profesorado, el modelo educativo de la escuela y desconciertos metodológicos varios (la evaluación, la creatividad, la atención a la diversidad,…).

Me quedan ahora sólo dos cosas para cerrar la columna “Entre los Umpa-Wampa”.

La primera, agradecer a Cuadernos de Pedagogía la oportunidad para decir allí lo que, de otro modo, habría tenido que decir aquí, en petit comité. Gracias.

La segunda, llegar a una conclusión. Hay que escribir. En blog, en Twitter, en papel. Donde sea. Escribir, ordenar las ideas, evaluar las percepciones, construir un discurso. y de-construirlo de nuevo. Habitar el desconcierto y relatarlo. Describir (se) la realidad, analizar (se) la práctica y cuestionar (se) los porqués. Hay que escribir.

Han sido 9 breves desconciertos:

¿Qué profesorado queremos?…profesionalización y una canción de Joe Cocker

El perfecto mantra de los análisis educativos es que el profesorado no es suficientemente profesional. O profesionalizado. O profesionalizante. Lo que sea. Análisis que obvian las contradicciones internas y externas (logísticas, legales, normativas) que convierten el oficio en un campo de minas en el que construir y ejercer un criterio profesional es tarea suicida. Y que concluyen que de ésta sólo nos va a salvar más gestión, más supervisión y más homogenización (leer: menos creatividad, menos iniciativa, menos innovación).

Pero volvamos a lo de los profesionalizables. Ya está bien, hombre. No hemos llegado hasta aquí por casualidad. Uno casi diría que ha habido un esfuerzo consciente por desprofesionalizar al profesorado y convertirlo en una especie de zombie gestor de flujos educativos. No. Casi, no. Uno lo dice: en la columna “Entre los Umpa-Wampa” que Cuadernos de Pedagogía ha tenido la amabilidad de prestarme durante este último año, y que cierro, acompañado de Joe Cocker en sus años mozos, como sigue:

¿Qué profesorado queremos? (ser)

Ha llegado el momento. La LOMCE y su jerarquización de los centros, el decreto de plantillas en Cataluña, y la homologación de PISA y similares como medio para calificar al alumnado y profesorado, son el último clavo para infantilizar a los docentes y cimentar la imagen de una incompetencia generalizada de la que (¡Oh, my God!) nos van a salvar los gestores educativos. Y la bicha de la crisis financiera abre la puerta por la que el mundo empresarial (ver OCDE) asalta la escuela para conducirla desde el exterior. Con prioridades empresariales, precarizando al profesorado y sin embarrarse a proponer soluciones metodológicas, ni mucho menos financiarlas.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Veamos: Decenios seleccionando al profesorado en base a su capacidad de memorizar para una oposición o su “antigüedad” (sic!)… [Acceder al artículo completo]

 

 

 

 

 

Adaptaciones curriculares y alumnos embarrancados

Se acerca el momento. En pocos días, empezarán a aparecer en las reuniones de equipo docente unos documentos sin padre.

Las célebres Adaptaciones curriculares y Planes Individualizados. Tablas, tablillas y cuartillas donde poner crucecitas que estandaricen lo que vamos a hacer con “los alumnos de diversidad”.

Esos documentos no tienen padre, básicamente, porque los profesores que piensan que eso de la diversidad no va con ellos, pues lo ven como un engorro, y los que pensamos que la diversidad está implícita en todo (y en todos), pues también: no porque no haya que hablar del tema, sino porque hay que hablarlo mejor.

Y entre una cosa y otra, cuando terminemos de hacer los documentos sobre qué vamos a hacer con los “alumnos de diversidad” (en algunos casos, en Abril) nos daremos cuenta que, de hecho, no lo estamos consiguiendo. Que algo se nos escapa de las manos, y que raras veces conseguimos nada relevante. A lo mejor por eso rellenamos papeles, para que tapen el panorama.

Sí. Ya sé. Un comienzo un poco duro. Ya dije antes que lo de los “alumnos de diversidad” no me cuadraba. Por eso creo que valía la pena reclamar otro concepto más positivo de la diversidad, más ambicioso, y más cercano al conocimiento. Así que he aprovechado la oportunidad que me ofrecen amablemente en Cuadernos de Pedagogía de explicarme en la columna Entre los Ganga Wampa de este mes de octubre. Acompañado de Guns’n Roses. Knockin’ on heaven’s door.

 

Diversidad, barcos embarrancados y mareas

Algunos enfoques educativos, propuestas razonables en Primaria (seguimiento personalizado, trabajo interdisciplinar…), se convierten en su “traducción” a la Secundaria en un laberinto con altos muros (la distribución por materias) e intrincados vericuetos (más de cien alumnos por profesor, tres horas a la semana) que cartografiamos con documentos que circulan de una comisión a otra, como las adaptaciones curriculares para la atención a la diversidad. Documentos que consignan las dificultades de aprendizaje de algunos alumnos y cómo van a afrontarse pedagógicamente. Crucecitas en frases como “dar más ayudas en el aula”, “apoyo personalizado” o “adaptación de conceptos”, términos abstractos (¿vacíos?) para describir de un modo estándar la diversidad (!) en sus aspectos negativos (!!) de solo algunos alumnos (!!!), sin su participación (!!!!). … [LEER EL ARTÍCULO COMPLETO].

 

 

 

Escenas de brainstorming educativo

Empieza el curso, y no es, admitámoslo, un momento plácido. Algunos acumulan nervios hasta no poder dormir (¿qué chavales me tocarán? ¿Tendré una tutoría?  ¿Qué me propongo este año?…) por ilusión….o por inquietud.

Abróchense los cinturones porque empieza la montaña rusa. Una tormenta de emociones, ideas, frustraciones, alegrías, tensiones, e ilusiones. Éxitos mediocres y magníficos fracasos. Soberanas palizas de realidad humana. Toda una tormenta, en medio de la cual, hallar resquicios para la reflexión y la pedagogía no es tarea fácil.  Alguien podría decir “en el fragor de la batalla”. No es una batalla. Pero fragor, haylo. Y hermanos de armas.

Algo que puede resultar difícil de entender desde el exterior de los centros educativos, pero que intento plasmar en el artículo que Cuadernos de Pedagogía tiene la amabilidad de publicarme este mes de septiembre en la columna “Entre los Umpa Wampa”, con acompañamiento, esta vez, de Dire Straits.

Escenas de brainstorming educativo: epopeya, tragicomedia, soliloquio y oda.

  • En la sala de profes. Epopeya.

A ver…60 céntimos el café, Clinc, clinc…-nota mental, reservar sala de ordenadores (el 4 va cojo de batería), y reservar los autobuses para la excursión, me faltan por recoger tres permisos paternos, menos el de Farigh, que …¿me lo dio ayer en el patio?, y el de Sara, que no va a llegar nunca, a ver si luego tengo una guardia tranquila y puedo llamar a su madre y a los del Museo, antes de que lleguen los padres de Jocelyn a la reunión de seguimiento disciplinario…¿presentó el trabajo? ¡Las fotocopias! ¡Tengo que hacer las fotocopias de la comunicación de incidencias para que me las firmen! Bueno, ya sale el café. Sí que es lenta esa máquina. –María, a ver si luego me cuentas la idea esa de trabajar en paralelo este texto de divulgación, ok? …………..[ACCEDER AL ARTÍCULO COMPLETO]

Creatividad, engendros plasTICos y autonomía

La verdad es que vamos algo desorientados con lo de la creatividad. Y con la autonomía, más.

Antes éramos más espabilaos es una frase que oigo a menudo. Yo no sé si lo éramos o no. Pero sí sé que necesitamos alumnos más espabilaos. A lo mejor, llamándolo “Competencia de autonomía e iniciativa personal” viste un poco más, pero en el fondo, se trata de que sean espabilaos.

Y eso no tiene realmente nada que ver con poner colorines a las cosas o crear formatos de actividades creativas que sólo tienen sentido en el mundo escolar. Tiene que ver con buscarse la vida, algo que tengo la impresión que cada vez dificultamos más en los centros educativos.

A través de eso trota el artículo “Lo que viene siendo la autonomía y la creatividad” que publiqué en junio 2014 en la columna “Entre los Umpa-Wampa” que Cuadernos de pedagogía tuvo la amabilidad de prestarme. Esta vez, con la ayuda de la música de fondo de Frank Sinatra, y su himno a la autonomía y la creatividad: My way.

Lo que vienen siendo la autonomía y la creatividad

Lo de Ken Robinson es incontestable. Para los que (todavía) no están al tanto: Robinson enuncia un gran reto (quizás “el gran reto”) educativo: pasar de un paradigma industrial, de una escuela que transmite conocimientos para ser repetidos y aplicados, a uno de la sociedad del conocimiento, en el que la escuela promueve activamente la autonomía y creatividad del alumnado para construir conocimiento. Un reto añejo, pero pendiente.

Un cambio complejo que en algunas ocasiones parece centrarse tanto en la “creatividad” pura, que se acaba olvidando lo de “para construir conocimiento”. Y nos lanzamos atolondrados a que los alumnos “creen cosas”. [ACCEDER AL ARTÍCULO COMPLETO]

Por este decreto yo te declaro estándar

Lo voy a escribir flojito, para que no se lea muy fuerte: nadie con un pie en el aula se va a leer los #&%!¿%…   estándares de evaluación del nuevo currículum. 

No es que no “mole” eso de estandarizar. En términos de márketing, lo de estandarizar puede colar como mejorar. Es algo que se asocia con confianza. Eficacia. En coches, cafeteras o incluso en bolígrafos. En educación, no.

Y es que las personas tienen un inconveniente molesto que hace imposible su “estandarización” por decreto: al parecer, a diferencia de cafeteras, coches o bolígrafos, no puedes simplemente tirar los ejemplares que no son estándar (que son la mayoría). Aunque es de suponer que los creadores de ese sistema estaban pensando precisamente en eso con la boca pequeña. Pero es que además necesitamos alumnos únicos, creativos y distintos (de hecho, nos guste o no, así son). Y eso lo explica muy bien Ángel Pérez Gómez , mi vecino en el espacio de columnas que amablemente nos presta Cuadernos de Pedagogía.

Pero además de todo eso, a un nivel de reflexión (o refunfuño) más doméstico…si prácticamente nadie se lee en los currículums los criterios de evaluación, las aportaciones a las competencias básicas y todo lo demás… después de ese evidente divorcio del currículum, la realidad y el profesorado (trivorcio?)… y el fracaso evidente del último asalto “experto” al currículum (las competencias básicas)… ¿a qué mente preclara se le ocurre “mejorar” eso añadiendo otro nivel de complejidad a un currículum que precisamente por su complejidad ha dejado de ser referencia de una parte importante del profesorado?

En eso discurre con acompañamiento de los Rolling Stones la columna del mes de Mayo en el espacio “Entre los Umpa Wampa” que Cuadernos de Pedagogía tiene la amabilidad de prestarme. Y que empieza como sigue. Sympathy for the devil.

EL SABER NO OCUPA LUGAR. PERO LOS OBJETIVOS DIDÁCTICOS SÍ.

Bueno. Ahora, “estándares de evaluación”. Vale.
Está claro que con objetivos, contenidos, criterios de evaluación y aportaciones a las competencias básicas, no era suficiente. Hacíamos el ridículo. Era necesaria otra capa más a un ya de por sí intrincado currículum para acabar de convertir las programaciones didácticas en sudokus. Documentos sin alma en los que todo el mundo escribe que hace lo imposible, para hacer luego lo posible, sin que los inspectores se dignen a entrar en las aulas para ayudar a ir de lo uno a lo otro, evitando así (convenientemente) percatarse de la diferencia, y manteniendo así el simulacro de este sistema hiper-regulado que presume de autonomía. […] Porque lo que vale es añadir. Hay espacio al fondo. Empujen. [Acceder al artículo completo]

 

 

Cocina, pornografía y magia

Leí recientemente que los profesores españoles somos los que menos entramos en el aula de compañeros. No tengo la estadística a mano, pero era algo así como un 15% del profesorado en España versus un 60% en Francia.

Es algo extraño, de algún modo parecemos dar por sentado que no tenemos nada que aprender sobre cómo dar clase o sobre cómo funcionan nuestros alumnos en contextos (o materias) distintos.

Alguien podría sugerir que con intercambiar informaciones o propuestas en las reuniones de equipos docentes o de departamento puede funcionar (primero debería hablarse alguna vez de didáctica en esas reuniones).

Pero no es así. La mayoría de cosas que hacemos bien en el aula, las hacemos sin darnos cuenta. Y las que creemos que hacemos bien, y, por lo tanto, juzgamos útiles para compartir, no son necesariamente las más útiles. Es necesario que veamos las prácticas de los demás con nuestros propios ojos, desde nuestras propias problemáticas, dificultades y dudas.

Porque además, hay algo difícil de explicar. Algo que he intentado explicar junto con Queen en el artículo que este mes de abril publico en la columna “Entre los Umpa-Wampa” en Cuadernos de Pedagogía.

.
Cocina, pornografía y magia

Y un puñado de sal. Y cuando está al punto, apagas el fuego.

Así terminan muchas recetas. Lo que pasa es que “al punto” es una condición o momento bastante indefinido, casi tanto como “puñado”.

La cocina es un arte oscuro que guarda su magia en lo que no está escrito. Entre las líneas de los ingredientes y los términos indeterminados, como “puñado”, “pizca”, “momentico”, las recetas olvidan lo esencial. Cosas que no se cuentan porque no quedan bien en un libro de recetas. Esas migas de pan que dan espesor. Ese vasito de agua del grifo para “arrejuntar” la salsa. […ACCEDER al ARTÍCULO COMPLETO]

.

 

Déjame solo, Joe. ¿Un modelo heroico para la innovación educativa?

Desde las más variadas esferas se repite hasta la saciedad que es necesaria la innovación educativa. Que los profes tenemos que leer, tenemos que escribir, comunicar e investigar. Lo que pasa que esta propuesta buenista acaba llevando a heroicidades de dudosa productividad y escandalosa injusticia.

Por eso, la innovación, las heroicidades y Tina Turner se citan en el artículo que este mes de marzo publico en la columna “Entre los Umpa-Wampa” en Cuadernos de Pedagogía.

Déjame solo, Joe

Admitámoslo. En ocasiones nos puede la épica.

Hartos de un sistema en el que todo(s) avanza(mos) lento, algunos se lían la manta a la cabeza, y a base de horas, esfuerzo, creatividad, sacrificio y, de nuevo, más horas -impagables e impagadas- se asoman al otro lado del horizonte educativo. […]

La falta de una visión institucional para impulsar el rol innovador de los docentes ha consolidado este modelo heroico low-cost sin que, por el momento, nadie parezca darse por enterado de lo que un cálculo honesto desvela: no tenemos (ni tendremos) suficientes héroes. […ACCEDER AL ARTÍCULO COMPLETO…]

)

(A1/B1)+[(C2*D$6)+E4]= 4,9

 Hay algo que nunca deberías hacer en un instituto de Secundaria: pedirle a otro profesor o profesora que te enseñe su libreta de notas. Percibirás un titubeo, una sensación de estar hurgando en algo íntimo. Porque es el espacio doloroso donde embarrancan nuestras buenas intenciones.

Después de trabajos, exámenes y toda una parafernalia evaluadora, sólo llegamos a extraer si el alumno estudia, si hace los deberes, si tiene una buena actitud o cuánto (pero no qué) ha aprendido. 4, 9, notable o progresa adecuadamente son términos que esconden, más que muestran, información que era visible en las actividades. […ACCEDER AL ARTÍCULO COMPLETO…]

Éste es el tema que trato en el artículo de Febrero en el espacio de la columna “Entre los Umpa-Wampa”, que Cuadernos de Pedagogía tiene la amabilidad de prestarme y que tiene este mes como banda sonora a Iron Maiden.

)

Algunos no íbamos para profe

Vamos a ser francos: algunos no íbamos para profe. Nuestro proyecto profesional (si lo teníamos) pasaba por laboratorios universitarios, orquestas sinfónicas o galerías de arte. Para eso habíamos ido a la Universidad. A usar el cerebro. Por cosas del destino (o del bolsillo) terminamos rodeados de chavales que parecían, infundadamente, dar por hecho que sí sabíamos realmente hacer de profe. […ACCEDER AL ARTÍCULO COMPLETO…]

Así empieza el primero de los artículos (correspondiente a enero) que está previsto que publique durante este año en la columna “Entre los Umpa-Wampa” en la revista Cuadernos de Pedagogía, a los que agradezco su confianza y espacio para decir allí lo que, de otro modo, habría tenido que decir aquí, en petit comité.

¿Por qué “Entre los Umpa Wampa”? Porque la escuela es un mundo que funciona distinto. Su enigma se esconde en sus eventos más pequeños y cotidianos, que invitan a ser mirados como lo haría un antropólogo perdido en medio de una tribu extraña: la comunidad educativa.

Y bueno, casi todo lo que puede decirse lo ha cantado alguna vez alguien.

Así que si has leído el artículo no te sorprenderá que en esta primera, empecemos acompañados con una importante canción de unos grandes. ACDC.

Ala. Rock’n roll.

)

Enter your email address to follow this blog and receive notifications of new posts by email.

Join 1.307 other followers

%d bloggers like this: