Columna Cuadernos

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9 breves desconciertos sobre educación, escuela y profesorado

Hemos llegado a noviembre, y con éste, se cierra el ciclo de artículos que Cuadernos de Pedagogía ha tenido la amabilidad de publicar en la columna “Entre los Umpa-Wampa”.

¿Por qué “Entre los Umpa Wampa”? Porque la escuela es un mundo que funciona distinto. Su enigma se esconde en sus eventos más pequeños y cotidianos, que invitan a ser mirados como lo haría un antropólogo perdido en medio de una tribu extraña: la comunidad educativa.

Han pasado por el escenario ACDC, Iron Maiden, Tina Turner, Queen, Rolling Stones, Frank Sinatra, Dire Straits y Joe Cocker, acompañando diatribas (algunas veces más o menos sensatas, otras veces sólo desesperadas) sobre el papel del profesorado, el modelo educativo de la escuela y desconciertos metodológicos varios (la evaluación, la creatividad, la atención a la diversidad,…).

Me quedan ahora sólo dos cosas para cerrar la columna “Entre los Umpa-Wampa”.

La primera, agradecer a Cuadernos de Pedagogía la oportunidad para decir allí lo que, de otro modo, habría tenido que decir aquí, en petit comité. Gracias.

La segunda, llegar a una conclusión. Hay que escribir. En blog, en Twitter, en papel. Donde sea. Escribir, ordenar las ideas, evaluar las percepciones, construir un discurso. y de-construirlo de nuevo. Habitar el desconcierto y relatarlo. Describir (se) la realidad, analizar (se) la práctica y cuestionar (se) los porqués. Hay que escribir.

Han sido 9 breves desconciertos:

¿Qué profesorado queremos?…profesionalización y una canción de Joe Cocker

El perfecto mantra de los análisis educativos es que el profesorado no es suficientemente profesional. O profesionalizado. O profesionalizante. Lo que sea. Análisis que obvian las contradicciones internas y externas (logísticas, legales, normativas) que convierten el oficio en un campo de minas en el que construir y ejercer un criterio profesional es tarea suicida. Y que concluyen que de ésta sólo nos va a salvar más gestión, más supervisión y más homogenización (leer: menos creatividad, menos iniciativa, menos innovación).

Pero volvamos a lo de los profesionalizables. Ya está bien, hombre. No hemos llegado hasta aquí por casualidad. Uno casi diría que ha habido un esfuerzo consciente por desprofesionalizar al profesorado y convertirlo en una especie de zombie gestor de flujos educativos. No. Casi, no. Uno lo dice: en la columna “Entre los Umpa-Wampa” que Cuadernos de Pedagogía ha tenido la amabilidad de prestarme durante este último año, y que cierro, acompañado de Joe Cocker en sus años mozos, como sigue:

¿Qué profesorado queremos? (ser)

Ha llegado el momento. La LOMCE y su jerarquización de los centros, el decreto de plantillas en Cataluña, y la homologación de PISA y similares como medio para calificar al alumnado y profesorado, son el último clavo para infantilizar a los docentes y cimentar la imagen de una incompetencia generalizada de la que (¡Oh, my God!) nos van a salvar los gestores educativos. Y la bicha de la crisis financiera abre la puerta por la que el mundo empresarial (ver OCDE) asalta la escuela para conducirla desde el exterior. Con prioridades empresariales, precarizando al profesorado y sin embarrarse a proponer soluciones metodológicas, ni mucho menos financiarlas.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Veamos: Decenios seleccionando al profesorado en base a su capacidad de memorizar para una oposición o su “antigüedad” (sic!)… [Acceder al artículo completo]

 

 

 

 

 

Adaptaciones curriculares y alumnos embarrancados

Se acerca el momento. En pocos días, empezarán a aparecer en las reuniones de equipo docente unos documentos sin padre.

Las célebres Adaptaciones curriculares y Planes Individualizados. Tablas, tablillas y cuartillas donde poner crucecitas que estandaricen lo que vamos a hacer con “los alumnos de diversidad”.

Esos documentos no tienen padre, básicamente, porque los profesores que piensan que eso de la diversidad no va con ellos, pues lo ven como un engorro, y los que pensamos que la diversidad está implícita en todo (y en todos), pues también: no porque no haya que hablar del tema, sino porque hay que hablarlo mejor.

Y entre una cosa y otra, cuando terminemos de hacer los documentos sobre qué vamos a hacer con los “alumnos de diversidad” (en algunos casos, en Abril) nos daremos cuenta que, de hecho, no lo estamos consiguiendo. Que algo se nos escapa de las manos, y que raras veces conseguimos nada relevante. A lo mejor por eso rellenamos papeles, para que tapen el panorama.

Sí. Ya sé. Un comienzo un poco duro. Ya dije antes que lo de los “alumnos de diversidad” no me cuadraba. Por eso creo que valía la pena reclamar otro concepto más positivo de la diversidad, más ambicioso, y más cercano al conocimiento. Así que he aprovechado la oportunidad que me ofrecen amablemente en Cuadernos de Pedagogía de explicarme en la columna Entre los Ganga Wampa de este mes de octubre (2014). Acompañado de Guns’n Roses. Knockin’ on heaven’s door.

Columna “Entre los Umpa Wampa” en Cuadernos de Pedagogía, octubre 2014.

Diversidad, barcos embarrancados y mareas

Algunos enfoques educativos, propuestas razonables en Primaria (seguimiento personalizado, trabajo interdisciplinar…), se convierten en su “traducción” a la Secundaria en un laberinto con altos muros (la distribución por materias) e intrincados vericuetos (más de cien alumnos por profesor, tres horas a la semana) que cartografiamos con documentos que circulan de una comisión a otra, como las adaptaciones curriculares para la atención a la diversidad. Documentos que consignan las dificultades de aprendizaje de algunos alumnos y cómo van a afrontarse pedagógicamente. Crucecitas en frases como “dar más ayudas en el aula”, “apoyo personalizado” o “adaptación de conceptos”, términos abstractos (¿vacíos?) para describir de un modo estándar la diversidad (!) en sus aspectos negativos (!!) de solo algunos alumnos (!!!), sin su participación (!!!!).

Que los docentes evitemos mencionar algo más concreto (producciones del alumno, actividades de aula) solo significa una cosa: estamos desconcertados, no sabemos cómo hacerlo y nos refugiamos en lo abstracto. Alumnos, en tercero de ESO, que no saben sumar. Alumnos que vienen un día sí, una semana no, o que no son capaces de leer lo que escriben. Barcos que un día embarrancaron y que tratamos (?) de liberar con cubos de agua.

Atendidos cada año por profes distintos, acaban, a menudo, “incluidos” en las aulas parapetados detrás de dosieres de insulsos, que no tienen relación con lo que ocurre a su alrededor en el aula, aunque “cuentan” con el “apoyo personalizado” de un profesor multitarea que, con suerte, pasará por su lado al principio y final de la clase. Embarrancados, basando su tránsito por el sistema educativo en obtener el reconocimiento del profesor: “Hoy has trabajado mucho”, “Te has portado muy bien”, en lugar de potenciar sus intereses o de progresar en su emancipación. Necesitamos una marea. Un concepto más rico de diversidad que incluya los intereses y aptitudes de todos los alumnos. Un cambio global que los desembarranque y consiga que no dejen de llamar a las puertas del conocimiento.

“Mama take this badge from me

I can’t use it anymore

It’s getting dark too dark to see

Feels like I’m knockin’ on heaven’s door

Knock-knock-knockin’ on heaven’s door (4)

Mama put my guns in the ground

I can’t shoot them anymore

That cold black cloud is comin’ down

Feels like I’m knockin’ on heaven’s door”

Knocking on the heaven’s door, Guns n’Roses versionando a Bob Dylan.

 

[LEER EL ARTÍCULO COMPLETO].

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Ver otros artículos de la columna “Entre los Umpa Wampa”

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Escenas de brainstorming educativo

Empieza el curso, y no es, admitámoslo, un momento plácido. Algunos acumulan nervios hasta no poder dormir (¿qué chavales me tocarán? ¿Tendré una tutoría?  ¿Qué me propongo este año?…) por ilusión….o por inquietud.

Abróchense los cinturones porque empieza la montaña rusa. Una tormenta de emociones, ideas, frustraciones, alegrías, tensiones, e ilusiones. Éxitos mediocres y magníficos fracasos. Soberanas palizas de realidad humana. Toda una tormenta, en medio de la cual, hallar resquicios para la reflexión y la pedagogía no es tarea fácil.  Alguien podría decir “en el fragor de la batalla”. No es una batalla. Pero fragor, haylo. Y hermanos de armas.

Algo que puede resultar difícil de entender desde el exterior de los centros educativos, pero que intento plasmar en el artículo que Cuadernos de Pedagogía tiene la amabilidad de publicarme este mes de septiembre en la columna “Entre los Umpa Wampa”, con acompañamiento, esta vez, de Dire Straits.

 

Columna “Entre los Umpa Wampa” en Cuadernos de Pedagogía, septiembre 2014

Escenas de brainstorming educativo: epopeya, tragicomedia, soliloquio y oda.

 

  • En la sala de profes. Epopeya.

A ver…60 céntimos el café, Clinc, clinc…-nota mental, reservar sala de ordenadores (el 4 va cojo de batería), y reservar los autobuses para la excursión, me faltan por recoger tres permisos paternos, menos el de Carlos, que …¿me lo dio ayer en el patio?, y el de Sara, que no va a llegar nunca, a ver si luego tengo una guardia tranquila y puedo llamar a su madre y a los del Museo, antes de que lleguen los padres de Farigh a la reunión de seguimiento disciplinario…¿presentó el trabajo? ¡Las fotocopias! ¡Tengo que hacer las fotocopias de la comunicación de incidencias para que me las firmen! Bueno, ya sale el café. Sí que es lenta esa máquina. –María, a ver si luego me cuentas la idea esa de trabajar en paralelo este texto de divulgación, ok? 

En la reunión de equipo docente. Tragicomedia.

–A ver, me falta la adaptación curricular de Arnaldo. Hay que rellenar el documento, poniendo cruces para indicar cómo lo hacemos.

–Yo no sé cómo lo hago. En fin, hago lo que puedo con él.

–¿Pero le pones tareas distintas?

–Sí, algunas veces.

-Bueno, pues tienes que poner la cruz en “Tareas adaptadas”. Y si le haces exámenes distintos, marcas “Pruebas y exámenes adaptados”.

–Es que no sé si le está yendo muy bien así. ¿Vosotros cómo lo hacéis? ¿Tenéis alguna actividad aquí, para que vea?

–Bueno, tú pon lo que tú haces.

En el bus de la excursión. Soliloquio.

Buff. Esto es a lo que los profesores acabamos llamando brainstorming. Una tormenta, pero no de ideas, sino de tareas. Autorizaciones, papeleo disciplinario, derechos de imagen, documentos y memorias que escribimos (o copiamos-pegamos) solo porque “hay que tenerlos”. Y es ese, y no otro, el escenario de la innovación educativa, que raramente se da rellenando un cuadro sinóptico de despliegue de objetivos. Es sobre un fondo de ruido emotivo, a veces visceral, que se desarrollan actividades e iniciativas didácticas. Alguien podría decir “en el fragor de la batalla”. No es una batalla. Pero fragor, haylo. Y hermanos de armas.

 

Dire Straits: Brothers in arms. Oda.

“Through these fields of destruction

Baptisms of fire

I’ve witnessed your suffering

as the battle raged higher

And though they did hurt me so bad

In the fear and alarm

You did not desert me

My brothers in arms.”

 

 

[ACCEDER AL ARTÍCULO COMPLETO]

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Ver otros artículos de la columna “Entre los Umpa Wampa”

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Creatividad, engendros plasTICos y autonomía

La verdad es que vamos algo desorientados con lo de la creatividad. Y con la autonomía, más.

Antes éramos más espabilaos es una frase que oigo a menudo. Yo no sé si lo éramos o no. Pero sí sé que necesitamos alumnos más espabilaos. A lo mejor, llamándolo “Competencia de autonomía e iniciativa personal” viste un poco más, pero en el fondo, se trata de que sean espabilaos.

Y eso no tiene realmente nada que ver con poner colorines a las cosas o crear formatos de actividades creativas que sólo tienen sentido en el mundo escolar. Tiene que ver con buscarse la vida, algo que tengo la impresión que cada vez dificultamos más en los centros educativos.

A través de eso trota el artículo “Lo que viene siendo la autonomía y la creatividad” que publiqué en junio 2014 en la columna “Entre los Umpa-Wampa” que Cuadernos de pedagogía tuvo la amabilidad de prestarme. Esta vez, con la ayuda de la música de fondo de Frank Sinatra, y su himno a la autonomía y la creatividad: My way.

Columna “Entre los Umpa Wampa” en Cuadernos de Pedagogía, junio 2014.

Lo que vienen siendo la autonomía y la creatividad

Lo de Ken Robinson, aunque repetido hasta la saciedad, es incontestable. Para los que (todavía) no están al tanto: Robinson enuncia un gran reto educativo: pasar de un paradigma industrial, de una escuela que transmite conocimientos para ser repetidos y aplicados, a uno de la sociedad del conocimiento, en el que la escuela promueve activamente la autonomía y creatividad del alumnado para construir conocimiento. Un reto añejo, pero pendiente.

Un cambio complejo que en algunas ocasiones parece centrarse tanto en la “creatividad” pura, que se acaba olvidando lo de “para construir conocimiento”. Y nos lanzamos atolondrados a que los alumnos “creen cosas”. Engendros plásTICos de dudoso gusto (ver Glogster y compañía), inexistente conflicto cognitivo y todavía menor conexión con la realidad de fuera del aula, en los que el reto es retransmitir de manera guay lo que se les transmite, metiendo como sea colorines y TIC. Dígamelo usted con flores.

No. Creatividad no significa convertir en powerpoints todo lo que se menea o aceptar cualquier bodrio solo porque “se expresan”. Es más difícil que eso. Existe una creatividad interna en los distintos campos del saber que hay que despertar. Unas matemáticas estratégicas, una escritura creativa, McGyver en el laboratorio y fuera de él. Afrontar conflictos cognitivos abiertos en contextos reales, desarrollar estrategias, instrumentalizar técnicas y formatos. Incertidumbre. Que se busquen la vida.

Porque en nuestro (su) viaje a la autonomía acabamos muchas veces pisándoles los pies. Les organizamos sus fiestas de fin de curso, sus excursiones y, si pudiéramos, fomentaríamos su autonomía preparándoles el desayuno. En el colmo de la contradicción, damos perfectamente completados a los alumnos folletos de instrucciones perfectas (rúbricas y compañía), diciendo que con eso los hacemos autónomos. Eso no es autonomía. Autonomía significa hacer al alumno capaz de pensar y decidir por sí mismo. Hacer que el alumno sea capaz por sí mismo de hacer bien lo que nosotros pensamos y decidimos no es autonomía. Es simplificar nuestro trabajo. Que también está bien, pero no es lo mismo.

Niño, espabílate. Búscate la vida. Descubre tu way. A lo Sinatra.

Se trata de eso. No (solo) de colorines.

I did what I had to do

I saw it through without exemption

I planned each charted course

each careful step along the highway

And more, much more than this

I did it my way

Aquí, Él: https://www.youtube.com/watch?v=qQzdAsjWGPg

 

[ACCEDER AL ARTÍCULO en Cuadernos de Pedagogía]

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Ver otros artículos de la columna “Entre los Umpa Wampa”

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Por este decreto yo te declaro estándar

Lo voy a escribir flojito, para que no se lea muy fuerte: nadie con un pie en el aula se va a leer los #&%!¿%…   estándares de evaluación del nuevo currículum. 

No es que no “mole” eso de estandarizar. En términos de márketing, lo de estandarizar puede colar como mejorar. Es algo que se asocia con confianza. Eficacia. En coches, cafeteras o incluso en bolígrafos. En educación, no.

Y es que las personas tienen un inconveniente molesto que hace imposible su “estandarización” por decreto: al parecer, a diferencia de cafeteras, coches o bolígrafos, no puedes simplemente tirar los ejemplares que no son estándar (que son la mayoría). Aunque es de suponer que los creadores de ese sistema estaban pensando precisamente en eso con la boca pequeña. Pero es que además necesitamos alumnos únicos, creativos y distintos (de hecho, nos guste o no, así son). Y eso lo explica muy bien Ángel Pérez Gómez , mi vecino en el espacio de columnas que amablemente nos presta Cuadernos de Pedagogía.

Pero además de todo eso, a un nivel de reflexión (o refunfuño) más doméstico…si prácticamente nadie se lee en los currículums los criterios de evaluación, las aportaciones a las competencias básicas y todo lo demás… después de ese evidente divorcio del currículum, la realidad y el profesorado (trivorcio?)… y el fracaso evidente del último asalto “experto” al currículum (las competencias básicas)… ¿a qué mente preclara se le ocurre “mejorar” eso añadiendo otro nivel de complejidad a un currículum que precisamente por su complejidad ha dejado de ser referencia de una parte importante del profesorado?

En eso discurre con acompañamiento de los Rolling Stones la columna del mes de Mayo en el espacio “Entre los Umpa Wampa” que Cuadernos de Pedagogía tiene la amabilidad de prestarme. Y que empieza como sigue. Sympathy for the devil.

EL SABER NO OCUPA LUGAR. PERO LOS OBJETIVOS DIDÁCTICOS SÍ.

Bueno. Ahora, “estándares de evaluación”. Vale.
Está claro que con objetivos, contenidos, criterios de evaluación y aportaciones a las competencias básicas, no era suficiente. Hacíamos el ridículo. Era necesaria otra capa más a un ya de por sí intrincado currículum para acabar de convertir las programaciones didácticas en sudokus. Documentos sin alma en los que todo el mundo escribe que hace lo imposible, para hacer luego lo posible, sin que los inspectores se dignen a entrar en las aulas para ayudar a ir de lo uno a lo otro, evitando así (convenientemente) percatarse de la diferencia, y manteniendo así el simulacro de este sistema hiper-regulado que presume de autonomía. […] Porque lo que vale es añadir. Hay espacio al fondo. Empujen. [Acceder al artículo completo]

 

 

Cocina, pornografía y magia

Leí recientemente que los profesores españoles somos los que menos entramos en el aula de compañeros. No tengo la estadística a mano, pero era algo así como un 15% del profesorado en España versus un 60% en Francia.

Es algo extraño, de algún modo parecemos dar por sentado que no tenemos nada que aprender sobre cómo dar clase o sobre cómo funcionan nuestros alumnos en contextos (o materias) distintos.

Alguien podría sugerir que con intercambiar informaciones o propuestas en las reuniones de equipos docentes o de departamento puede funcionar (primero debería hablarse alguna vez de didáctica en esas reuniones).

Pero no es así. La mayoría de cosas que hacemos bien en el aula, las hacemos sin darnos cuenta. Y las que creemos que hacemos bien, y, por lo tanto, juzgamos útiles para compartir, no son necesariamente las más útiles. Es necesario que veamos las prácticas de los demás con nuestros propios ojos, desde nuestras propias problemáticas, dificultades y dudas.

Porque además, hay algo difícil de explicar. Algo que he intentado explicar junto con Queen en el artículo que este mes de abril publico en la columna “Entre los Umpa-Wampa” en Cuadernos de Pedagogía.

Publicado en “Entre los Umpa Wampa” en Cuadernos de pedagogía, Abril 2014.

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Cocina, pornografía y magia

Y un puñado de sal. Y cuando está al punto, apagas el fuego.

Así terminan muchas recetas. Lo que pasa es que “al punto” es una condición o momento bastante indefinido, casi tanto como “puñado”.

La cocina es un arte oscuro que guarda su magia en lo que no está escrito. Entre las líneas de los ingredientes y los términos indeterminados, como “puñado”, “pizca”, “momentico”, las recetas olvidan lo esencial. Cosas que no se cuentan porque no quedan bien en un libro de recetas. Esas migas de pan que dan espesor. Ese vasito de agua del grifo para “arrejuntar” la salsa.

Pues en la mejora educativa en el aula, lo mismo. “Esto mejor que no se lo digas hasta el final…Sí, tú tienes que estar dentro del augla antes…Mejor si anotas las cuatro etapas al principio, así ellos se sitúan…Deja que circulen entre grupos…antes que escriban lo que van a decir, dales un par de minutos….No hace falta que cada uno tenga un usuario…..Y el material de grupos de lo guardas y te sirve para el año que viene”. Son cosas que no sueles leer en artículos, actividades colgadas o charlas, pero son la clave. Porque sin eso el plato no va a salir o su preparación es tan difícil que nunca vas a cocinarlo. Pero, además, se añade lo que Boris Mir llama “pornografía” de la didáctica. Los platos se presentan perfectos, las partes quemadas o estropeadas por la cuchara del cocinero han quedado atrás.

Y así quedamos lo pinches desorientados. Creyendo que los platos se cocinan sin añadir el vasito de agua. O que siempre salen bien. Y abandonando la cocina.

No necesitamos el último microondas. Ni tampoco más y mejores recetas que especifiquen los grados centígrados del aceite. Y, desde luego, ningún “máster chef” que venga solo a clasificar nuestros platos, dejando a un lado su historia, sus ingredientes.

Necesitamos pinches que sepan “arrejuntar” la salsa. Que sepan cuánto es un puñado de cariño. Que entiendan que no todas las paellas llevan marisco. Cosas, todas ellas, que por ma´s que nos empeñemos no se pueden medir y difícilmente escribir. Y es que, en ocasiones, parece que hablemos de magia. Quizás lo sea. Pero cuando ocurre en el aula, lo sabes. Una armonía secreta que solo tú oyes.

“I’m hearing secret harmonies
The bell that rings inside your mind
Is challenging the doors of time
(It’s a kind of magic)
(It’s a kind of magic)

It’s a kind of Magic (Queen)

[…ACCEDER al ARTÍCULO COMPLETO]

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Ver otros artículos de la columna “Entre los Umpa Wampa”

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Déjame solo, Joe. ¿Un modelo heroico para la innovación educativa?

Desde distintas esferas se repite hasta la saciedad que es necesaria la innovación educativa. Que los profes tenemos que leer, tenemos que escribir, comunicar e investigar. Lo que pasa es que esta propuesta buenista acaba llevando a heroicidades de dudosa productividad y escandalosa injusticia.

Por eso, la innovación, las heroicidades y Tina Turner se dieron cita en el artículo que publiqué en marzo de 2014 en la columna “Entre los Umpa-Wampa” en Cuadernos de Pedagogía.

Columna “Entre los Umpa Wampa” en Cuadernos de Pedagogía, marzo 2014.

Déjame solo, Joe*

Admitámoslo. En ocasiones nos puede la épica.

Hartos de un sistema en el que todo(s) avanza(mos) lento, algunos se lían la manta a la cabeza, y a base de horas, esfuerzo, creatividad, sacrificio y, de nuevo, más horas -impagables e impagadas- se asoman al otro lado del horizonte educativo. Más por la ausencia de referentes que por propia decisión, acaban convertidos en superprofes, librando batallas en claustros y formaciones, entregados a un proselitismo prometeico 2.0, que a veces se lleva por delante ocio y vida privada.

La falta de una visión institucional para impulsar el rol innovador de los docentes ha consolidado este modelo heroico low-cost sin que, por el momento, nadie parezca darse por enterado de lo que un cálculo honesto desvela: no tenemos (ni tendremos) suficientes héroes.

Siempre los necesitaremos, nada substituye a la pasión. Pero no es suficiente. Hay que ampliar la base innovadora. Porque los francotiradores de la pedagogía no van a ganar la batalla educativa, que se libra en las trincheras del profesorado desmotivado, el currículum impermeable y las prácticas desfasadas. Como mucho, mantendrán viva una idea. Una experiencia aprendizaje-servicio aquí, un proyecto multidisciplinar allí. Algunos se echan al maquis y construyen centros aislados o redes de innovación mediante encuentros y redes sociales. Una guerra de guerrillas underground con filias disruptivas, no siempre productivas. Porque no basta con abrir caminos: hay que asegurarse de que luego alguien los transita. Necesitamos un modelo de innovación menos épico, más estratégico y científico, que se inscriba en una carrera profesional del profesorado clara y definida; y generalice y serene el cambio. En el que la innovación no sea solo una actitud voluntarista, sino también una responsabilidad profesional evaluada y renumerada. En el que el trabajo en equipo, conexión con modelos pedagógicos, orientación a objetivos y formación conviertan en sostenible una empresa necesaria. Una cosa es abandonar el confort. Otra distinta abandonar la serenidad.

“We don’t need another hero,
We don’t need to know the way home
All we want is life beyond the Thunderdome.

[…]

So what do we do with our lives?
We leave only a mark.
Will our story shine like a light,
Or end in the dark?
Give it all or nothing!”

We don’t need another hero, Tina Turner.

*”Déjame solo, Joe” es un título prestado del genial cuento homónimo de Ángela C. Ionescu.

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Ver otros artículos de la columna “Entre los Umpa Wampa”

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(A1/B1)+[(C2*D$6)+E4]= 4,9

 Hay algo que nunca deberías hacer en un instituto de Secundaria: pedirle a otro profesor o profesora que te enseñe su libreta de notas. Percibirás un titubeo, una sensación de estar hurgando en algo íntimo. Porque es el espacio doloroso donde embarrancan nuestras buenas intenciones.

Después de trabajos, exámenes y toda una parafernalia evaluadora, sólo llegamos a extraer si el alumno estudia, si hace los deberes, si tiene una buena actitud o cuánto (pero no qué) ha aprendido. 4, 9, notable o progresa adecuadamente son términos que esconden, más que muestran, información que era visible en las actividades. […ACCEDER AL ARTÍCULO COMPLETO…]

Éste es el tema que trato en el artículo de Febrero en el espacio de la columna “Entre los Umpa-Wampa”, que Cuadernos de Pedagogía tiene la amabilidad de prestarme y que tiene este mes como banda sonora a Iron Maiden.

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Algunos no íbamos para profe

Publicado en “Entre los Umpa Wampa” en Cuadernos de Pedagogía. Enero 2014.

Vamos a ser francos: algunos no íbamos para profe. Nuestro proyecto profesional (si lo teníamos) pasaba por laboratorios universitarios, orquestas sinfónicas o galerías de arte. Para eso habíamos ido a la Universidad. A usar el cerebro. Por cosas del destino (o del bolsillo) terminamos rodeados de chavales que parecían, infundadamente, dar por hecho que sí sabíamos realmente hacer de profeY deambulamos por el territorio agreste de Secundaria equipados con un par de rutinas añejas de gestión de aula y evaluación. Se diría que estamos ausentes, el hábito de lo intelectual guardado en un baúl, mientras navegamos por la vida cortoplacista del centro educativo, la aplicación rutinaria y acrítica de propuestas didácticas, cambiando cada año la fecha de nuestra programación didáctica y resistiendo parapetados tras el libro de texto a un alumnado que se nos antoja enemigo. Este es nuestro origen. Que nadie se llame a engaño.

Por alguna razón, nos hemos (o han) convencido de que nuestro oficio (porque ahora es nuestro oficio) no tiene nada que ofrecernos y que la profesionalización significa acumular hojas de Excel y papeles. Y existe a quien le interesa mantener al profesorado infantilizado, que no sepa de didáctica ni sospeche de pedagogía. Existe quien desea proletarizar el oficio, convirtiendo a los profesores en cómodos y baratos agentes lobotimizados de intervención (y control) que gestionan flujos de alumnos y conflictos, en lugar de actores críticos que se plantean cómo enseñan, y, sobre todo, para qué enseñan.

Hay que volver. Ahora como profesores. Hay que crear en los centros espacios en los que cuestionar nuestra práctica. Leer algo de didáctica. Plantearnos si las familias pueden realmente permitirse comprar libros de texto o qué estamos enseñando cuando un alumno no va a una excursión por razones económicas. Porque existe, cada vez más transparente y definida, una ofensiva contra la igualdad, la cultura y la ética. Porque si los intelectuales de una sociedad (periodistas, maestros, artistas,…) dejan de ejercer como tales, la sociedad queda desarmada ante los que pretenden esclavizarla. Hay que volver. Porque para muchos (¡niños y niñas, ojo!) somos el último muro que los separa de una vida marginal o vacía. Y también porque como no te metas un poco en didáctica y pedagogía, y le eches un poco de sangre, sudor y lágrimas del tema, te vas a morir de aburrimiento. Porque fuiste a la Universidad para usar el cerebro. Y porque educar ahora sí es lo tuyo. En otras palabras: “Back in black”.

Back in black (ACDC)

“Back in black
I hit the sack
I’ve been too long I’m glad to be back
Yes, I’m let loose
From the noose
That’s kept me hanging about
I’ve been looking at the sky
‘Cause it’s gettin’ me high
Forget the hearse ’cause I never die
I got nine lives
Cat’s eyes
Abusin’ every one of them and running wild”

 

[…ACCEDER AL ARTÍCULO COMPLETO…]

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Ver otros artículos de la columna “Entre los Umpa Wampa”

 

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