escola i societat

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Clients o Socis? Gràcies, AMPAs.

Esperant a la porta de l’escola on acompanyo els fills, i, tradicionalment, els nens formen una aglomeració de crits i empentes, vaig sentir l’altre dia:

Haurien d’obrir a tres quarts. Així no hi hauria perill.

És la porta de primer cicle de primària, on els nens vénen acompanyats pels seus pares i mares, que presenciem el que fan els nostres fills, assumint-ho inevitable, sense intervenir-hi.

Diversos pares assenteixen, decidint encara si s’indignen o no:

Haurien d’obrir a tres quarts. Així no hi hauria perill.

Haurien de. És a dir: enlloc d’aprofitar com a pares el context per a ensenyar als teus fills com t’has de comportar quan hi ha molta gent en un mateix espai, deleguem això també, a l’escola. D’alguna manera, és com si al voltant de l’escola hi hagués un camp de força que obligués els pares a delegar el seu paper educador. L’escola seria, diguem-ne, una mena de kriptonita pedagògica davant la qual els pares perden els seus poders.

És una escola normal. Amb el seus recursos. Potser sí, poden obrir un quart d’hora abans. O potser no saben d’on treure aquests quarts d’hora addicionals, en el que alguns professors s’haurien de fer responsables dels nens. O potser els nostres fills haurien d’aprendre de nosaltres, els seus pares, que hi ha llocs públics que obren a una hora concreta i cal respectar-se per a entrar.

És una observació insignificant. Però evidencia la velocitat amb la que els pares i mares projectem en l’escola qualsevol cosa que ens pertocaria (o podríem) resoldre nosaltres, en una mentalitat de “comprador-consumista” que es relaciona amb l’escola com a client, no com a soci.

Mentrestant, a la mateixa escola, una AMPA fa el que pot. Intentant que allò d’una “educació pública gratuïta” sigui una mica menys mentida. Aportant hores dels seus membres, nits de reunions, gestió de factures, inscripcions, menjadors i llibres reciclats. També víctima d’aquesta mentalitat consumidora “a mi, que m’ho facin” de pares que es permeten esbroncar els voluntaris AMPA que s’hi deixen la pell, amb qualsevol excusa, sovint kafkiana, reclamant amb el lema “jo he pagat per un servei” als pares valents i compromesos que han decidit fer un pas endavant i que les veuen de tots colors.

Necessitem pares i mares que tinguin una relació diferent amb l’escola. Que tinguin una relació diferent amb l’educació dels seus fills. Que tinguin una relació diferent amb les seves AMPAs. Que sàpiguen que són socis, no clients.

Com els centenars i milers de pares i mares que s’impliquen o participen en les AMPAs i consells escolars, en un servei que no es paga, i que és impagable.

A tots ells, de part d’un professor (que també és pare): gràcies, socis.

 

¡¡Al final esto parecerá un Esplai!! Homenaje al Projecte Groc.

No tarda mucho en aparecer.

Cuando aparecen las metodologías activas, el trabajo por proyectos, el hecho de poner al alumno en el centro del aprendizaje, salta la frase “¡¡Y qué más!! ¡¡Esto es una escuela!!  ¡¡Al final esto parecerá un Esplai!!”.

Y yo me corto de responder: “Ojalá“.

Pero en este post no me voy a cortar. Lo digo: Ojalá la escuela logre algún dia parecerse a un Esplai.

Porque esa frase se pronuncia con un ánimo despectivo. Porque la gente asocia la idea de un Esplai a algo fatuo, vacío de contenido y que se ocupa sólo de hacerles las cosas fáciles a los niños. Suele ser gente que nunca ha ido a un Esplai. Ni como niño/a, ni, mucho menos, como monitor o educador.

Y no han tenido la oportunidad de conocer lo que es un Esplai de primera mano.

Yo sí la tuve.

Estuve, primero 5 años como “niño” y luego 4 como “monitor” (aunque allí recibía-pertinentemente-el nombre de animador) en un Esplai de Girona llamado “Projecte Groc” para jóvenes de entre 14 y 18 años.

No hacíamos manualidades con tijeras de colores. Ni títeres con rollos de papel.

Éramos grupos de 15-25 chavales. Cada uno de nosotros tenía un cargo: Economía, Secretario, Material, Botiquín,…

Nos organizábamos en equipos de 5, y cada equipo buscaba, presentaba y defendía ante los demás una propuesta de servicio (mejorar la señalización de un camino de montaña, dar apoyo a una comunidad neo-rural, arreglar los entornos de espacios públicos naturales…).

Votábamos, y una vez elegida la “empresa” nos organizábamos en comisiones (con un miembro de cada equipo: alguien dijo grupos de expertos?) para organizar el transporte, la comida, el material, etc… El itinerario a seguir. El listado de tareas a realizar, el material necesario. El día y la hora en que quedábamos. Las tiendas de campaña. El contacto con instituciones locales. Y lo hacíamos. 2 “empresas” al año, que al terminar revisábamos para mejorar (alguien dijo evaluación formativa?).

Podría decirse: hombre, chavales de 14 o 15 años haciendo esto… Pues hay más. Cada verano organizábamos con el mismo sistema una ruta de 6 días al Pirineo. Escoger itinerario. Calcular horas de marcha, kilogramos de comida. Elegir si repostar o no, y dónde hacerlo. Dónde acampar. Si esas curvas de nivel estaban muy juntas o no. Si habría agua en el itinerario. Y lo hacíamos.

(Y todo eso sin ni una rúbrica).

Acompañados por animadores de entre 19 y 30 años que sabían hacer algo muy difícil: sólo acompañar. No resolver los problemas, decidir qué hay que hacer, organizar… No. Sólo acompañarnos mientras nosotros hacíamos esas cosas.

Así que cuando alguien me viene con lo de enseñar en el esfuerzo, yo pienso en cuando no podía más en la mitad del Carlit y continué. Cuando alguien me habla de responsabilidad, me acuerdo de la noche bajo el Taga en que comimos sólo un frankfurt y un puñado de arroz porque alguien calculó mal. Cuando alguien me habla de hacer que los alumnos espabilen me acuerdo de la noche en que nos cayó una tormenta bajo el Puigmal y cayeron 3 tiendas de las 5 que íbamos. Y no había nadie más que nosotros mismos para resolver la situación.

Y cuando pienso en trabajar por proyectos, me doy cuento que en realidad, no me inspiro en mi experiencia escolar. Me inspiro en mi experiencia en el Projecte Groc.

Pienso: “Cómo habríamos hecho esto en el Projecte Groc?”.

No sé si todavía continúa el Projecte Groc. Yo lo dejé hace ya 18 años. Sé que como mínimo en 2008 continuaba (y espero que todavía lo haga). Pero sé que ese Esplai no era una excepción, y que los “Caus” y el escultismo son también referentes educativos de ese calibre.

Así que…pensándolo bien: Sí. Ojalá la escuela logre algún dia parecerse a un Esplai.

 

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Sea también este Post un agradecimiento a todos los voluntarios que desde los Esplais ofrecen a nuestros alumnos las oportunidades de crecer como personas que no sabemos/podemos ofrecer en la escuela.

 

Elvis, elección de centros y disgregación social

Tengo amigos preocupados por la educación. Me preguntan, a veces, sobre escuelas, métodos pedagógicos, o tal o cual centro. Sobre si lo del inglés a los 3 años sirve para algo o si lo del Kumon es para tener hijos inteligentes o muy, muy inteligentes. A lo que respondo que lo uno y lo otro sirven para que alguien se saque una pasta jugando con las prisas de los padres por colocar laboralmente a su hijo desde ya.

Aún así, es una buena noticia que se hable de educación. Existe una inquietud, la sensación de que algo importante para nuestros hijos se cuece. Y el temor a que nos den gato por liebre en la educación de nuestros hijos. Eso está bien. Quien más quien menos ha oído hablar de Ken Robinson y se llena la boca con la creatividad (aunque luego nunca se plantee cocinar con sus hijos).

Pero la forma en la que eso se encarna ha resultado ser dañina para esa educación que nos preocupa. Padres que acuden con cuadernos de notas a jornadas de puertas abiertas a las escuelas (que, al parecer, tienen las puertas cerradas los otros días). Escuelas que intentan vender su método (?) más allá de lo posible (y de lo verídico). Discusiones de pedagogía (y derivados) en los bares, televisiones y periódicos. Leyendas urbanas que se transmiten de oreja a oreja “En tal escuela trabajan por proyectos”. “En tal otra enseñan (aprenden?) inglés desde los 3 años”. “En tal otra escriben a los 4”. “Pues en la otra dan clase en el patio y hacen el pino-puente mientras tocan el violín”.

Se abre la veda para la caza de la mejor escuela para los retoños. Empadronamientos ficticios cual codazo burocrático. Y la escuela y la educación se convierten en un producto de consumo instantáneo en lugar de una construcción conjunta de familias y profesionales. Y, como cualquier otra dinámica capitalista, el resultado es, siempre, la desigualdad: Las familias preocupadas por la educación consiguen llevar a sus niños a escuelas escogidas (públicas o privadas) a las que van hijos de otras familias preocupadas por la educación. Las familias menos preocupadas por la educación coinciden (oh, sorpresa!) en llevar a sus hijos a las escuelas de su barrio, donde coinciden con los hijos de otras familias menos preocupadas por la educación. Ghettización educativa. Substituir “preocupadas por la educación” por “pudientes y cultas” y tendremos un retrato bastante transparente de lo que está ocurriendo.

Y cuando una escuela de barrio pierde a las familias preocupadas por la educación, huídas a mejores pastos, los niños que se educarán en esa escuela tienen un problema: los que podían (y debían) defender la calidad de la educación pública implicándose en esa escuela (no, no son sólo los profes) han escapado a una solución individual para SUS hijos.

Es legítimo preocuparse por la educación de nuestros hijos. Y es también evidente que la humillación inflingida por la LOMCE al Consejo Escolar y la nunca reconocida labor de las AMPAs parecen invitar al “sálvese quien pueda”. Pues bien. Creo que es importante que sepamos que no todo el mundo puede. Y que en nuestra huída, las familias preocupadas por la educación estamos dejando en la estacada a otros niños que merecen las mismas oportunidades que los nuestros.

Así que mi respuesta sobre qué escuela elegir es clara: si estás comprometido con la educación, lleva a tus hijos a la escuela pública de tu barrio. Y si no quieres ir a las puertas abiertas, no vayas (total, te van a colar lo que quieran. Te lo digo yo, que soy profe y participo en esos sidrales). Pero ve a las reuniones de consejo escolar y del AMPA. De paso, al verte pasearte por el centro como Pedro por su casa, tus hijos aprenderán que sus padres parecen interesados en lo que hacen en el cole (será algo importante?) y que la ciudadanía y la igualdad se ejercen (y se aprenden), no en oasis, sino en el mundo real.

Las familias comprometidas con la educación no podemos permitirnos alimentar ghettos educativos. Lo cuenta muy bien un experto en pedagogía, Elvis Presley, en su tratado In the ghetto:

People, don’t you understand
The child needs a helping hand
Or he’ll grow to be an angry young man some day
Take a look at you and me,
Are we too blind to see,
Do we simply turn our heads

In the ghetto

As the snow flies
On a cold and gray Chicago mornin’
A poor little baby child is born
In the ghetto

And his mama cries
Cause if there’s one thing that she don’t need
It’s another hungry mouth to feed
In the ghetto

People, don’t you understand
The child needs a helping hand
Or he’ll grow to be an angry young man some day
Take a look at you and me,
Are we too blind to see,
Do we simply turn our heads

And look the other way
Well the world turns
And a hungry little boy with a runny nose
Plays in the street as the cold wind blows
In the ghetto

And his hunger burns
So he starts to roam the streets at night
And he learns how to steal
And he learns how to fight
In the ghetto

Then one night in desperation
A young man breaks away
He buys a gun, steals a car,
Tries to run, but he don’t get far
And his mama cries
As a crowd gathers ’round an angry young man
Face down on the street with a gun in his hand
In the ghetto

As her young man dies,
On a cold and gray Chicago mornin’,
Another little baby child is born
In the ghetto
And his mama cries

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